sábado, 16 de abril de 2011

EL FAMOSO CANGREJITO JAMEÍNO


 

(publicado en Lancelot, 11 de noviembre de 2005)

Creo que el nombre jameíto con que han dado en llamar con el advenimiento del turismo al famoso cangrejito ciego de Los Jameos del Agua no está muy bien logrado que digamos. Un jameíto sólo podría ser un 'jameo' pequeño, nombre de origen preeuropeo que se aplica a un accidente geológico consistente, como todos sabemos en Lanzarote, en una gran oquedad producida en los campos de lava al hundirse parte del techo de un túnel volcánico, cuyo nombre en nada tiene por qué designar a los seres que en él viven. Yo lo hubiera llamado jameíno, como lo hago constar en el título de este escrito, un adjetivo más o menos equiparable a jameícola, o sea, una especie de combinación entre un hipocorístico y un gentilicio, digámoslo así, que hace referencia al lugar en que se vive. Pero el hecho consumado es que el tal nombre jameíto dado a estas curiosas criaturas cavernícolas ha tomado ya carta de naturaleza y es, por lo que imagino, de todo punto inamovible.
En cualquier caso no es este exactamente el motivo que me ha impulsado a escribir hoy sobre tan interesante crustáceo. La razón de que le dedique este pequeño trabajo va por otro camino más cientifista: el de mostrar mis dudas sobre su ascendencia filogenética.
Se ha venido sosteniendo, en efecto, por la biología oficial, que el Munidopsis polymorfa –este es su nombre científico– procede de otra especie de crustáceo propio de las profundidades abisales, fundamentándose tal aserto en los caracteres físicos que posee, equiparables por lo visto a los de tales habitantes de los grandes fondos marinos. Pero permítanme que exprese mis dudas al respecto. Yo intuyo que su ancestro más próximo no debe ser otro que la Galathea squamifera, un cangrejito que se le parece extremadamente en la forma y en el tamaño, que es bastante común en la zona infralitoral de nuestra isla, donde puede encontrársele oculto bajo las piedras de las charcas someras que se forman en las bajamares mayores, y cuya área de dispersión, además de a nuestro archipiélago, se extiende a gran parte de las costas de África y Europa.
Quienes estén un poco al tanto de estas cuestiones recordarán que en la década de los setenta del siglo pasado estuvieron en la isla dos prestigiosos biólogos alemanes de la Universidad de Hamburgo estudiando la preciosa fauna de Los Jameos del Agua, los profesores Horst Wilkens y Jakob Parzefall, creo que subvencionados por el Cabildo de Lanzarote. Pues bien, habiendo yo observado desde bastante tiempo atrás el gran parecido morfológico existente entre las dos especies de crustáceos mencionadas, pensaba que no había por qué recurrir a especies abisales, tan distantes ecologicamente hablando, teniendo ahí mismo, a mano, esta otra casi idéntica.
Movido por estas consideraciones, tan pronto tuve ocasión –cosa que ocurrió en octubre de 1977– me entrevisté con los referidos biólogos exponiéndoles mis sospechas sobre el particular, poniendo en su conocimiento además el lugar de la costa de la isla en que podrían encontrar sin mucha dificultad al cangrejito galatea, todo lo cual consideraron de interés. No volví a verlos más, pero en enero del año siguiente me envió el señor Wilkens una carta fechada el doce de ese mes en la que se indicaban los caracteres básicos que diferenciaban a los dos géneros de crustáceos, el Galathea y el Munidopsis. Eran, traducidos de la comunicación en inglés que me mandó, los siguientes:


MUNIDOPSIS
GALATHEA
1. Exopodito de los maxilípedos sin flagelos
- con flagelos
2. Los últimos tres pares de pleópodos muy reducidos en el macho
- bien desarrollados
3. Ojos reducidos
- ojos bien desarrollados


Tales datos quedaban sentenciados con la frase: "La taxonomía zoológica es materia de especialistas", con la cual se ponía fin a la misiva. Con tal frase, según quiero entender, se indicaba que se considera una irresponsabilidad a los no especialistas inmiscuirse en asunto tan privado. Pero, de ser tal su significado, no estoy de acuerdo con el mismo. La ciencia no puede hallarse coartada, o ponérsele cortapisas, cuando se crea que un experto, por alta que sea su cualificación, dice algo que no encaja con la lógica y la realidad de las cosas.
En uso de este elemental derecho me tomo la libertad ahora –¡despues de tantos años!– de hacer la interpretación siguiente de los tres enunciados explicativos de esas diferencias entre los dos géneros que figuraban en la carta.
1. El hecho de que en el 'jameíno' hayan desaparecido los flagelos (especie de orgánulos filamentosos, de muy escaso desarrollo por lo tanto) de los exopoditos (rama externa de los maxilípedos, éstos a su vez unos apéndices que ayudan a la masticación) se entiende perfectamente por resultarles superfluos en su función de retener las partículas de alimento de que se nutren dada la tranquilidad de las aguas en el recinto cavernario en que viven, por lo que parece lógico que se atrofien y desaparezcan al paso de un determinado número de generaciones. Otro tanto cabe decir del acortamiento de los tres últimos pares de pleópodos (apéndices pareados del abdomen), ya que si al macho de la galatea le son necesarios para aferrar a la hembra durante el apareamiento en las agitadas aguas de la costa, no le ocurre lo mismo al 'jameíno' por la razón apuntada de la quietud de las aguas en el interior de Los Jameos. Y a igual conclusión se llega con respecto a la pérdida de visión del jameíno habida cuenta de la oscuridad reinante en la laguna de Los Jameos que hacía innecesario su uso.
A este respecto hay que tener en cuenta el hecho de que en un principio la laguna permaneció –no se sabe hasta cuando– en una oscuridad mucho más profunda de la que reina en ella ahora, pues los dos 'jameos' que la flanquean a uno y otro lado, que son los que dan nombre al lugar, El Jameo Grande y El Jameo Chico o Trasero, se formaron, con toda seguridad, tiempo después de fraguarse la cueva, posiblemente transcurridos bastantes milenios, por lo que sólo tendría el recinto o parte de la cueva en que se halla la laguna como fuente de luz el pequeño agujero que se abre en el centro del techo, que ese sí se formó, sin duda alguna, al mismo tiempo que la gruta.
A esas díferencias entre los dos géneros señaladas en el recuadro del señor Wilkens hay que añadir la decoloración y la pérdida en el jameíno de alguna escamosidad mínima de la que presenta en algunas partes del cuerpo la especie galatea en cuestión.
Faltaría por saber, por lo tanto, si esas diferencias ínfimas que se observan entre las dos especies de crustáceos son producto de evolución de un supuesto antecesor abisal o de la especie Galatea squamífera, de la que yo presumo que surgió la jameína.
Una cuestión más hay que considerar dentro de la problemática del origen del jameíno: el hallazgo de algunos individuos de esta especie Munidopsis polymorpha por los biólogos citados, en la zona de Los Cocoteros, distante por lo tanto de Los Jameos unos 11 Km, en un pozo situado a unos 300 m de la costa que fue abierto para la extracción de agua de mar con que proveer del líquido elemento a las salinas allí existentes, pozo que obviamente tiene que hallarse en comunicación con una gruta submarina.
¿Cómo llegaron a este lugar esos especímenes? Por desarrollo de larvas del jameíno arrastradas hasta allí por la corriente? ¿Del galatea, como pienso que debió ocurrir en Los Jameos del Agua, por un fenómeno de convergencia evolutiva? ¿O por la misma razón, pero partiendo de ese hipotético ancestro abisal en que se ha venido creyendo? De más está decir que yo, por las razones aducidas, descartaría la tercera opción.
En cualquier caso, afortunadamente, y esto hay que agradecérselo a los vertiginosos avances de la ciencia moderna, todas estas disquisiciones y dudas huelgan en los tiempos presentes, pues ya es posible establecer mediante el análisis genético la filiación que pueda existir entre cualesquieras seres vivientes sin error posible. Todo depende, pues, de que se hagan esos análisis, y así sabremos con absoluta seguridad si el Galathea squamífera es el antecesor inmediato del Munidopsis polymorpha o si no lo es. El tiempo lo dirá.

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