viernes, 25 de marzo de 2011

HISTORIA DE LANZAROTE-SIGLO XVIII-2ª PARTE


      Ampliación y mejoras introducidas en el castillo de San Gabriel 
     En 1742, fue sometido de nuevo el castillo de San Gabriel a importantes obras de reforma que modificaron sustancialmente su fisonomía exterior, pues se le unieron los baluartes de las esquinas con un grueso muro corrido, rellenándose con escombros y arena el corredor que había quedado entre ambas paredes, con lo que el edificio adquirió mayor volumen y la superficie de la plaza de armas o azotea quedó notablemente ampliada, obras que fueron proyectadas y dirigidas por el ingeniero Antonio Riviere.

     Visita episcopal
     El 5 de febrero de 1744 llegó a Lanzarote en visita pastoral el obispo de la diócesis Juan Francisco Guillén. Desembarcó por el lugar de Papagayo, por lo que el primer templo que visitó fue la ermita de Femés. De ella observó que carecía de casa para albergar a los fieles que la visitaban, quienes por lo visto se alojaban en la propia ermita incluso por las noches de forma indecorosa, por lo que ordenó que se construyera en sus inmediaciones un edificio para tal fin.

     El Castillo de las Coloradas atacado por unos argelinos
     No tardó mucho el neonato castillo de Las Coloradas en recibir su bautismo de fuego. En 1749, apenas transcurridos siete años de su construcción, fue asaltado por una tropa compuesta por unos cuatrocientos hombres desembarcados en sus proximidades de dos jabeques argelinos, quienes no hallaron gran dificultad en reducir la modesta guarnición que lo defendía, logrado lo cual prendieron fuego al maderamen con que se disponía la separación de sus dos compartimentos interiores. Una vez desembarazado el camino con la rendición de la pequeña fortaleza, se internaron los invasores isla adentro sin encontrar resistencia alguna, llegando hasta Femés, en algunos de cuyos edificios causaron serios desperfectos, cometiendo impunemente actos de pillaje y expolio en haciendas y ganado. No obstante, llevados quizás de las facilidades que iban encontrando en sus correrías, se confiaron demasiado los argelinos, aprovechando la coyuntura los isleños para contraatacarlos luego de rehacerse de la primera sorpresa, causándoles entonces cuantiosas bajas en la misma orilla del mar antes de que tuvieran tiempo de ganar sus bajeles.

     Efectos del tsunami producido por el terremoto de Lisboa
     El horrible terremoto sufrido por la capital de Portugal en 1755, causante de la muerte de miles de lisboetas y la destrucción de incontables edificios, produjo un gran tsunami que dejó sentir sus efectos en muchas zonas costeras hasta donde su irradiación alcanzó, de menor efecto naturalmente cuanto más alejado del epicentro se encontrara el lugar afectado. Así fue que mientras en Cádiz murieron al ser arrastrados por las aguas varios cientos de personas, en nuestras islas apenas despertó la curiosidad al verse cómo el agua del mar oscilaba bajando y subiendo inesperadamente con un desnivel pronunciado, llegando a quedar varados algunos peces al quedar al descubierto el fondo del mar.
     En nuestra isla se dice que estas olas tsunámicas inutilizaron unas salinas, sin dar su situación o nombre, mas por la fecha en que ocurrieron no pudieron haber sido otras que las de Bajo el Risco.

     El padre Medinilla en Lanzarote
     El 8 de enero de 1758 llegó a Lanzarote el padre misionero fray Juan de Medinilla acompañado del cofrade fray Pedro de Villoslada. Durante su estancia, que duró hasta abril siguiente, se dedicaron a ejercer sus misiones y tomar confesión a muchos fieles. De esta actividad cuenta el misionero los casos sangrantes siguientes, sin mencionar naturalmente los nombres de los penitentes: “En Haría –dice– encontré callando culpas por vergüenza veintitrés almas, una de las cuales, que era mujer casada, mató tres criaturas que hubo ausente su marido en Indias; y las tres criaturas las tuvo con un hombre casado, hermano de su mismo marido. En Yaiza –añade– encontré también dos personas casadas que con veneno mataron al marido de la mujer y después se casaron, habiendo vivido años antes pecando los más días”.

     Desembarco de unos piratas en Arrecife en 1762
     En 1762 atacó la isla una flotilla inglesa constituida por dos poderosos buques. Era el principal objetivo que se proponían, apoderarse de unas embarcaciones canarias que habían alcanzado a ver surtas en Puerto Naos. Pero viendo los ingleses la dificultad de entrar en dicho puerto a causa de los escollos que había en su entrada se abstuvieron de hacerlo, dedicándose a disparar mientras tanto sobre el castillo de San Gabriel, al que consiguieron acallar con sus potentes piezas artilleras. A continuación se desplazaron con sus embarcaciones una legua hacia el oeste, que seguramente sería por la Playa de las Conchas (antes del Cable) o La Bufona, echando en tierra unos cien hombres que alcanzaron a pie Puerto Naos seguidos por mar por sus lanchas en que poder embarcarse en caso de necesidad. Ante tal amenaza los lanzaroteños intentaron cortar el avance atrincherándose tras una ringla de dromedarios que habían traído ex profeso. Mas la reacción de las pobres bestias al sentir en sus carnes los primeros impactos de bala fue la de revolverse contra sus propios amos para acto seguido huir precipitadamente en desbandada. Los isleños, una vez recuperados del imprevisto contratiempo, continuaron incordiando a los intrusos como pudieron. Mientras, los barcos que estaban en Puerto Naos aprovecharon para ponerse a salvo dándose a la fuga con todas las velas desplegadas.
     Ocurrió luego que al intentar desembarcar el comandante del Lord Anson por las proximidades del castillo en una chalupa, recibió un disparo mortal de fusil hecho desde tierra por el teniente coronel Carlos Monfort, que se había ocultado detrás de un peñasco próximo al castillo, lo que provocó la retirada definitiva de los corsarios.
     Cuenta a este respecto el historiador canario José Agustín Álvarez Rijo como hecho anecdótico que el hijo de aquél, Mateo Monfort, administrador de tabacos de la isla, guardaba con orgullo, como una reliquia, el fusil con el que su padre había logrado tal proeza.

     George Glas en Lanzarote
     El marino y traficante escocés George Glas frecuentó la isla en barcos de su propiedad en la década de los sesenta del siglo XVII dedicado al comercio y transporte de mercancías. Tomó tierra por primera vez en Lanzarote en el mes de noviembre por el estrecho de El Río, el brazo de mar que separa a La Graciosa de Lanzarote. Venía de Puerto Cansado, donde pretendía establecer una base para comerciar con los moros de la región. A Lanzarote la recorrió con cierto detenimiento, especialmente en su perímetro costero, tomando nota de los lugares en que se podían hacer operaciones con las embarcaciones. Da también su opinión de cómo eran los naturales de la isla. Con todos estos datos, más la incorporación de la obra histórica de Juan de Abreu Galindo, una copia de la cual encontró en la isla de La Palma, compuso un libro que tituló The history and discovery of the Canary Islands que suministra una serie de datos muy interesantes sobre geografía, prehistoria, historia, etnografía y costumbrismo. He aquí la traducción de algunas notas más relevantes de las materias que trata:
     “Aunque los nativos de esta isla pasan por ser españoles son, sin embargo, una mezcla de los primitivos habitantes, los franceses y otros europeos que los sojuzgaron, y de moros cautivos que Diego de Herrera y otros trajeron a las islas desde Berbería.
     Son por lo general de gran estatura, robustos, fuertes y de piel oscura. Están considerados por los de las otras islas rudos y descorteses. Yo creo que es verdad, porque por lo que he podido observar al tratarlos, parecen ser avariciosos, rústicos e ignorantes.
     Ni hablan ni comprenden otra lengua que la de Castilla, y a ésta la pronuncian de forma inculta. Visten toscamente a la usanza española moderna, pues la chaqueta corta y la golilla que usaban antes los españoles no se conocen aquí.
     Construyen las casas con piedra y cal. Las de las clases acomodadas están cubiertas de tejas, pero las clases bajas las cubren con paja [seguramente se refería a la típica ‘torta’ hecha con paja y barro]. Muy pocas, incluso de la clase alta, tiene cielo raso o segundo piso, sino que se construyen en forma de almacén que es luego compartimentado con tapias de madera más bajas que las paredes, de forma que las habitaciones están todas abiertas por arriba. Los pisos están normalmente enlosados.
     La comida de los campesinos consiste generalmente en lo que llaman ‘gofio’, que es harina de cebada o trigo tostado que luego mezclan con un poco de agua, convirtiéndola en una pasta, y así la comen. Esta dieta no necesita cucharas, cuchillos o tenedores. A veces la refinan mojando cada puñado de ‘gofio’ en miel o melaza.
     En invierno, cuando la hierba abunda, tienen abundante y excelente leche a la que le ponen gofio que comen ayudándose de cucharas hechas con lapas. Otro modo de preparar el ‘gofio’ es hirviéndolo con leche y removiéndolo hasta que se espese. También la gente pobre en ocasiones extraordinarias, tales como festejos, bodas, etc. comen carne y pescado, pero como he dejado dicho, el ‘gofio’ es su alimento ordinario. En cuanto al pan es raramente usado a no ser por las clases pudientes. Apenas beben vino o cualquier otra cosa que no sea agua. Su trabajo es arar la tierra, sembrarla y recoger el grano y ocuparse en las demás tareas  de granja. Hay pocos artesanos. La ropa es casi toda hecha por las mujeres y los utensilios domésticos se traen de las otras islas. Hay pocos monjes y ninguna monja. De lo que no carecen es de curas, pues la isla dispone de varias parroquias y hay en ella una corte secundaria de la Inquisición para prevenir las herejías".
     Aunque la muerte de Jorge Glas no tenga que ver directamente con la historia propiamente dicha de Lanzarote, teniendo en cuenta la relación que este personaje tuvo con la isla y lo terrible de las circunstancias que concurrieron en tal suceso creo oportuno darla a conocer aunque sea como episodio tangencial a nuestra historia insular. Ocurrió que después de haber sido liberado de un encarcelamiento de unos diez meses en Tenerife por haber considerado las autoridades canarias improcedente el proyecto que Glas se proponía de establecer una base comercial en la costa de África, en el lugar de Puerto Cansado, tomó pasaje en noviembre de 1765 para regresar a su tierra con su mujer y una hija de once años de edad que tenían con ellos, en un buque que iba a zarpar para Londres. Y, horrores del destino, resultó que la tripulación del barco se amotinó durante el viaje y luego de matar al capitán hicieron otro tanto con él y con su mujer e hija, siendo éstas lanzadas vivas al océano por aquellos descerebrados sin el menor atisbo de piedad. Hay que decir que, como castigo ante tal salvajada, los asesinos fueron aprehendidos a poco tiempo de tomar tierra en Irlanda, a donde se habían dirigido cambiando el rumbo, en cuya costa hundieron la nave, muriendo ejecutados poco después por el verdugo.

     Años de hambruna
     Los años 1768, 69 70 y 71, especialmente el último, fueron sumamente calamitosos para la isla. La proverbial ausencia de lluvias y consiguiente falta de los cereales que constituían la base de la alimentación de los isleños, y añadida la improductividad del ganado, supuso el hundimiento de la población en una hambruna terrorífica que también afectó, en mayor escala si cabe, a la isla hermana de Fuerteventura. Muchos de estos isleños se vieron obligados a marchar a Gran Canaria y a Tenerife para impetrar la caridad pública, siendo en algunos casos socorridos por las autoridades de aquellas islas más ricas. Pero los que no pudieron abandonar la isla recurrieron a los más degradantes actos que el instinto de conservación pueda dictar, como por ejemplo, a buscar en los muladares algún desperdicio que echarse a la boca, incluso huesos descarnados sometiéndolos al fuego, suelas de calzado y otras inmundicias, causando esta falta de comida la muerte nada menos que a unas 2.600 personas, lo que constituía la tercera parte de la población total de la isla.
     La situación comenzó a recomponerse en 1772 en que la pluviometría fue más generosa y permitió restituir a paso lento la normalidad en la agricultura y la ganadería.

     Reparación del castillo de Las Coloradas
     En 1769, siendo Comandante General del archipiélago don Miguel López Fernández de Heredia, fueron reparados por el ingeniero Alejandro de los Ángeles los desperfectos sufridos en 1749 por el ataque a que fue sometido este pequeño castillo por los argelinos en 1749, quedando con ello de nuevo el fuerte en normales condiciones de operatividad.
     Al finalizarse estos trabajos se colocó sobre la puerta de entrada una placa con la leyenda siguiente:
     REINANDO EL SR. D. CARLOS III MANDANDO ESTAS ISLAS EL EXCMO SR. D. MIGUEL LOPEZ FERNANDEZ DE HEREDIA MARISCAL DE CAMPO SE REDIFICO ESTA TORRE DE SAN MARCIAL PUERTO DE LAS COLORADAS PUNTA DEL AGUILA AÑO DE 1769.
     En este letrero se observa un error de identificación de la torre al llamarla ‘de San Marcial’, ya que se trata de una confusión con el castillo betancuriano al creerse entonces erróneamente que este Castillo de las Coloradas se había construido sobre el solar del que levantaron los franceses, el cual en realidad se encontraba a algo más de 2 Km de distancia hacia naciente.

     Construcción del primer hospital insular
     Una obra de gran importancia social en Lanzarote fue la construcción en 1774, en la capital de la isla, Teguise, del primer hospital de Lanzarote, al que se le impuso el nombre de El Espíritu Santo. Fue del hacendado presbítero Agustín Rodríguez Ferrer, lanzaroteño, de quien surgió la idea de su creación y la disposición de bienes para su mantenimiento, contribuyendo a llevar a cabo el proyecto el obispado de Canarias con su apoyo económico y moral, cuyo prelado Juan Bautista Servera fue quien puso la primera piedra del edificio, que se levantó al lado de la ermita del mismo nombre.  
     Este hospital estaba destinado esencialmente a enfermos pobres de solemnidad y disponía en principio de cuatro camas a las que se añadieron luego dos más por donación de una hermana del presbítero, manteniéndose activo hasta la desamortización de bienes nacionales, en que perdió los que lo mantenían.

     Se construye el Puente de las Bolas 
    También data de estas fechas el monumento más genuino y representativo de nuestra ciudad capital, el singular Puente de las Bolas. Así nos lo hace saber, de forma taxativa e inequívoca, el mentado escritor del siglo pasado José Agustín Álvarez Rijo. Oigámoslo:
     “Para pasar desde la isla a la fortaleza (dice refiriéndose al castillo de San Gabriel) hubo un mal murallón y un puente formado con unas vigas. El que ahora hay de tres ojos, levadizo el espacio del medio, de cantería, con sus pilares, escalera vuelta al N. que sirve de muelle, y sus murallas, es obra del reinado de Carlos III, por los años de 1771”.
     Se sabe que el ingeniero José Ruiz Cermeño había sido comisionado poco antes por el comandante General de Canarias don Miguel López Fernández de Heredia para que inspeccionara las fortalezas de la isla a fin de introducir en las mismas las reformas que juzgara oportunas, y cuando llegó a la isla en junio de 1772 todavía existía el puente elemental de vigas de madera de quita y pon, que se tendían sobre el único paso o abertura que había entonces en el camino amurallado que unía tierra firme con el Islote de Tierra. Por lo tanto su construcción se llevó a cabo entre el segundo semestre de ese año y el de 1777 en que se da como finalizado sin precisión de mes y día.

     Construcción del Castillo de San José
     Las obras de este castillo se comenzaron en abril de 1776 siendo Comandante General de Canarias Eugenio Fernández de Alvarado, marqués de Tabalosos, corriendo el proyecto a cargo del ingeniero Andrés Amat de Tortosa.
     Al frente de las obras fue puesto en un principio el ingeniero José Arana acompañado del teniente de artillería Rafael de Arce y Albalá, pero en octubre de ese mismo año cesó Arana al marchar a la Península, quedando a cargo de las obras el mencionado teniente de artillería, y en ejecución material de las mismas el maestro mayor José Nicolás Hernández con su cuadrilla de obreros.
     El teniente Arce cesó a su vez en estas funciones el 30 de julio de 1778, figurando en las etapas finales como técnico director de la obra el ingeniero Alfonso Ochando, quedando terminado el castillo en el año 1779, tal como puede verse grabado en una placa colocada sobre la puerta de entrada.
     Se dice que la construcción de este castillo obedeció más a una gracia del monarca Carlos III concedida para aliviar el estado de miseria reinante entonces en la isla a causa de la pertinaz sequía de aquellos años, dando trabajo a parte de la población –de donde el título de ‘Fortaleza del Hambre’ por el que fue también conocido–, que a necesidades defensivas propias de su carácter militar.
     Su planta es de forma cuadrada entre el frontis, que mira hacia tierra, de 35 m de largo, y los laterales rectos, de unos 15 m, en tanto que en el resto o parte trasera, que da hacia el mar, por donde alcanza una altura de unos 5 a 8 m sobre el nivel de las mareas, es curva en arco de circunferencia.
     Consta en primer término de dos amplias cámaras alargadas en sentido transversal, que ocupan algo más de la mitad anterior del edificio, con techos en bóveda de cañón de sólida sillería de roca basáltica y piso empedrado, a las que se denominaron cuartel alto y cuartel bajo al hallarse una sobre la otra.
     En la mitad de la derecha de la primera de estas salas, accesible directamente por el portalón de entrada del edificio, se encontraban los dormitorios de los oficiales y la cocina, y en la segunda, a la que se llegaba a través de una escalera del mismo material, que se inicia en el lado izquierdo de la puerta de entrada, el dormitorio de los soldados.
     En el resto de la planta alta estaban, a la izquierda entrando el calabozo o mazmorra, a continuación el aljibe, cuya boca se abría en la plaza de armas o azotea protegida por una recia tapa de madera; en el centro, el depósito de efectos de artillería, y en el lado derecho el almacén de la pólvora.
     El acceso al portalón de entrada se efectuaba mediante una escalera de piedra separada de la fortaleza, que quedaba unida a la puerta mediante un rastrillo levadizo que salvaba un foso seco de unos 4 m de anchura que corría a lo largo del frontis del edificio. En la plaza de armas, de piso enlosado, cuyo acceso se efectúa por una escalera, asimismo de sillería, que se encuentra a la derecha de la puerta de entrada, se construyó, en cada extremo del frontis, una garita, y entre ambas, en el centro, una espadaña. En el parapeto que circunda al castillo se abren once cañoneras, dos en el frontis, otras dos en cada lateral recto y cinco en la parte curva trasera.
     Hacia mediados del siglo XIX dice Pascual Madoz en su Diccionario Geográfico-Estadístico-Histórico de España de esa fecha, sobre esta fortaleza, después de ensalzar la solidez de su fábrica, que “monta 12 cañones de bronce, pero que tiene la desventaja de poder ser dominada por una batería que se construya en las colinas que se hallan a tiro de fusil por el frente de su puerta y foso”, a lo que añade: “Además desmerece mucho de su importancia por razón de la elevación a que por la parte del mar están sus fuegos; pues que los buques pueden introducirse en la bahía lamiendo el pie del risco sin ser incomodados ni en la entrada ni en la salida, hasta cierta distancia que los proyectiles son siempre menos certeros y menos eficaces.
     En 1976 fue instalado en este castillo, por iniciativa y dirección de César Manrique y financiación de las autoridades competentes de la isla, un Museo de Arte Contemporáneo, modelo de esta clase de establecimientos en Canarias, al que se dotó de un artístico restaurante desde el que se domina en visión panorámica la vista de los puertos de Los Mármoles y de Naos.

     Comienza a beneficiarse la barrilla
     En la década de los ochenta del siglo que estamos historiando comenzó a adquirir cierta importancia económica la exportación de la barrilla, planta que tanta riqueza y bienestar material habría de reportar a la isla en todo lo que quedaba de siglo y buena parte del siguiente por el alto precio que alcanzaba la sosa que de ella se extraía, utilizada en la fabricación del jabón y del vidrio.

     Ordenanzas sobre los enterramientos
     En 1787 el rey Carlos III dictó una R. O. mediante la cual se prohibían los enterramientos en las iglesias o en sus inmediaciones y se obligaba a construir los cementerios en las afueras de las poblaciones. Hasta entonces la costumbre había sido enterrar a los muertos en los templos religiosos o en solares contiguos a ellos, con lo que de insalubridad el hecho suponía. Sin embargo la observancia de esta orden real no se cumplió con la prontitud debida en nuestra isla a causa de incompatibilidades surgidas entre el Estado y la Iglesia, que era la que monopolizaba hasta entonces esta actividad mortuoria. Tuvo que entrarse en el siglo siguiente, allá por la década tercera, para que se llevara a efecto la orden del rey con la debida efectividad.

     La asonada de la ‘Pobrera’
     Tuvo cierta repercusión social en la isla, a pesar del reducido ámbito territorial en que se desarrolló, pues estuvo circunscrita en su mayor parte a la localidad de Conil, la llamada asonada de la ‘pobrera’ por alusión a los ‘pobres’ que la promovieron, que tuvo lugar la noche del 8 de diciembre de 1789.
     El motivo de este disturbio social fue el de evitar el relevo en el cargo de Gobernador de las Armas de la isla del capitán Juan Creagh Pawles, que lo venía ejerciendo desde tiempo atrás con aprobación de la clase campesina, por Francisco Aguilar Martínez, cambio que había sido dispuesto por el Comandante General de Canarias desde Tenerife.
     La intentona del grupo exaltado de la ‘pobrera’, compuesto por gente confabulada de diferentes partes de la isla, no llegó a buen fin  porque el propio instigador Juan Creagh dio marcha atrás en sus planes, terminando sin otra consecuencia al embarcarse el protagonista rumbo a Tenerife, su destino oficial.

     Exportación de pieles de conejo
     En los años finales del siglo XVIII y el inicial del siguiente tuvo un cierto auge en Lanzarote un curioso comercio: la exportación de pieles de conejo, roedores que entonces eran superabundantes en la isla. Se hacía a través del puerto de La Orotava de Tenerife obligado por las disposiciones legales entonces imperantes sobre las exportaciones, de donde salían hacia su destino, Londres, siendo utilizados en aquella ciudad en la confección de sombreros.
     Como consecuencia de este comercio se creó en el puerto de salida de La Orotava el gentilicio ‘conejero’ aplicado a los nativos de nuestra isla, hasta el punto de rivalizar con el de lanzaroteño, siendo sumamente corriente aún hoy en día su uso entre sus habitantes y los del resto del archipiélago.

     Visita episcopal y erección de parroquias
     El 29 de junio de 1792 llegó a la isla el obispo de la diócesis don Antonio Tavira y Almazán, siendo recibido con los actos propios de su alta categoría eclesial. El desembarco lo realizó por el recién construido Muelle de las Cebollas, quedando con ello inaugurado dicho recinto portuario.
     Al haber alcanzado los pueblos de San Bartolomé, Tías, Tinajo y Arrecife un suficiente número de habitantes y habida cuenta de lo lejanos que se hallaban de Teguise, le pidieron sus vecinos que los erigiese en parroquias, a lo que accedió el obispo haciendo presente dicha solicitud al monarca Carlos IV, quien ordenó que se llevara a efecto, alcanzando tal categoría los tres primeros en 1796 y Arrecife en 1798. Ello suponía al mismo tiempo quedar convertidos en jurisdicciones municipales.
     Así fue que en 1796 accedieron al rango de parroquias y consecuente categoría administrativa de municipios San Bartolomé, Tías y Tinajo, siéndolo Arrecife dos años más tarde, en 1798.
     San Bartolomé. Tenía entonces unos 1.900 habitantes en números redondos y una extensión territorial de 44 Km2. El nombre le viene, evidentemente, de este santo apóstol, que fue entronizado en el pueblo como patrono, por lo que parece a finales del siglo XVI.
     Este pueblo de San Bartolomé es continuación de una aldea aborigen de nombre Ajey de la que aún queda memoria entre gente de edad avanzada.
     El nombre Ajey se registra ya en documentos del siglo XVI como término o lugar, pero el más antiguo que lo acredita de forma expresa como aldea se remonta al 14 de febrero de 1619 y fue otorgado ante Juan de Higueras escribano público de la isla. Reza dicho documento, en extracto, como sigue: “Gaspar Perdomo, vecino de esta isla, vendo a Leandro Perdomo fanega y media de tierra donde dicen Ajey, que linda por una parte saliendo de la mareta de Ángel y el camino en la mano que va de la dicha aldea para esta villa”.
     En el mapa de Torriani, de finales del siglo XVI figura un caserío de nombre Teguey, inidentificable en la actualidad. Es el nombre de lugar más parecido a Ajey de los registrados en dicho mapa, siendo posible que se trate de ese nombre graficamente alterado. El hecho de que ese pueblo Teguey no aparezca más en la cartografía de Lanzarote después de esa fecha podría significar que fuera sustituido por el de San Bartolomé después de pasadas las décadas centrales del siglo XVII en que se sabe que se usaron los dos nombres de Ajey y San Bartolomé indistintamente para designar al caserío, hasta prevalecer el de su santo patrono como consecuencia de haber sido entronizado en la ermita, construida hacia finales del siglo XVI.
     A comienzos del XVIII algunos de sus vecinos, acuciados por las molestias que les ocasionaban las arenas voladoras del Jable, en cuya zona se hallaban situadas sus casas, las abandonaron y trasladaron sus viviendas más hacia poniente, donde hoy se levanta el casco de la ciudad.
     Son citas demográficas referidas a esta localidad, a lo largo de la historia, las siguientes: En las Sinodales del obispo Dávila y Cárdenas (1737) figura con 81 vecinos; en el Informe de José Ruiz Cermeño (1772) se registra con 127 vec.; el Compendio brebe y famosso de 1776 le da 144 vec.; Escolar y Serrano (1802), 1.393 habitantes; Madoz dice que tenía 1906 hab., y añade que de sus 460 casas “una gran parte están arruinadas alrededor de la parr.”; en el censo de 1860 (Olive) figura con 1.050 habitantes; en la Descripción de Puerta Canseco (1897) esta cifra se había aumentado en 1.572 almas; en 1913 el A B C de las Islas Canarias le da 2.067 habitantes; Delgado Marrero (1929), 2.498, y el Censo de la Población de España de 1940, 1.930 hab.
     Como aldeas de este municipio se cuentan:
     Guime. Situado a un par de kilómetros al S de San Bartolomé.
     Agustín de la Hoz atribuye a este pueblo un origen morisco: “Por fortuna o por desgracia –dice– Goíme es biologicamente morisco. Es la sangre que perdura enmascarada, la ascencdencia de aquellos esclavos de don Agustín de Herrera y Rojas que a fines del siglo XVI en Goíme se afincaron para defender el litoral de Guacimeta al decidido marqués”.
     De ser así, el núcleo poblacional creado debió ser de cierta entidad demográfica, pues ya Torriani, que compuso su obra por esa época, lo incluye como localidad en el mapa que la acompaña.
     Con este topónimo se da un curioso caso de duplicidad onomástica, pues mientras por escrito se ha consignado casi siempre, desde Torriani hasta un par de siglos atrás, en la forma Guime, a nivel popular siempre se ha pronunciado, que se sepa, Goíme. Seguramente con aquella grafía más antigua se quiso representar un sonido /u-i/ formando hiato, sonido que se confundiría con /oí/, que sería el que finalmente se impuso en la pronunciación popular del nombre. En los últimos siglos se ha escrito preferentemente en la forma popular Goíme, como es el caso de K. Sapper, Hernández-Pacheco, Isaac Viera, A de la Hoz y otros.
     Por otra parte, autorizados estudiosos de las hablas guanches han llegado a la conclusión de que en su forma primitiva debió llevar el hiato /oí/ al igual que ocurrió con los nombres geográficos afines Agüimes, en Gran Canaria, y Güímar, en Tenerife.
     En cuanto a los significados que se le atribuyen son tan poco fundamentados que no vale la pena transcribirlos.
     En cualquier caso la forma Güime diptongada ha tomado ya carta de naturaleza y es poco menos que imposible volverla de forma oficial a su forma primitiva Goíme. No obstante, en años recientes se ha despertado un movimiento tendente a reivindicar las formas toponímicas populares tradicionales como esta de Goíme y otras de análoga naturaleza, pero las autoridades administrativas, más atentas a sus consecuciones políticas que a las culturales, muestran poco entusiasmo en la recuperación de estas viejas reliquias onomásticas.   
     Es el patrono de este pueblo San Antonio de Padua.
     Montaña Blanca. Se ubica hacia al SO de San Bartolomé, en el espacioso valle que se forma entre el volcán que le da nombre y el de Montaña Guatisea.
     Uno de los Documentos de Simancas, el de 29-XII-1730, le da 12 vecinos. Dávila y Cárdenas, poco despúes, en sus Sinodales, dice tener 14 vec.. Sin embargo Ruiz Cermeño, unos cuarenta años más tarde le asigna sólo 2 vec. Posiblemente esta severa reducción en el número de habitantes fuera debida al efecto de las arenas volcánicas que llovieron sobre ella durante las erupciones del setecientos cubriendo tierras labradías y pastizales, que ahuyentaron a sus moradores. Pero apenas dos años más tarde el Compendio Brebe y Famosso, le asigna ya 4 vecinos. Y en la centuria siguiente, mediada la misma, Madoz dice que tiene 96 almas, en tanto que P. de Olive le adscribe 24 edificios y 1 choza.
     Se venera en este pueblo como patrona a María Auxiliadora.
     Tías. Su extensión superficial es de unos 62 Km2. El lugar de Tías se menciona ya en algún documento del siglo XVII, al parecer como complejo cortijero. En otro documento del siglo siguiente se le llama "la morada de Tías", expresión que cabría interpretar en el sentido de que consistía en una sola vivienda.
     No hay fundamento serio para afirmar que este nombre le venga de unas señoras de este apellido como A. de la Hoz pretende. En realidad no se sabe hoy por hoy de qué pueda venirle el nombre, sin poderse negar incluso que sea una palabra aborigen asimilada a la homónima castellana. El hiato /ía/, por ejemplo, se da con cierta frecuencia en palabras de las antiguas hablas canarias.
     Ahora bien, lo que sí puede afirmarse casi con toda seguridad es que, tal como he dejado dicho un poco más atrás, en un principio el nombre se aplicó a un simple complejo cortijero compuesto, todo lo más, por dos o tres viviendas campestres, y que no adquirió categoría de poblado o caserío hasta después de finalizadas las erupciones volcánicas del setecientos, seguramente por acrecentamiento de su población con gente proveniente de las aldeas desaparecidas por efecto de los volcanes de aquellos años, llegando a disponer de iglesia sólo unos años después.
     Se sabe que la ermita dedicada a la Virgen de la Candelaria, su patrona, existió en Lanzarote desde antes de 1661, pero fuera de este incipiente caserío. En un testamento de ese año un vecino de la aldea de Chimanfaya manda que se digan unas misas en honor de familiares suyos difuntos en la “hermita de Nuestra Señora de la Candelaria, que está cerca de esta aldea”. Su situación más precisa es la que se da en la comunicación de Simancas de 29 de diciembre de 1730. En una relación que se hace en ese documento de las ermitas de la isla, en la que se señalan sus respectivos emplazamientos, se declara: “y en la vega de Tomaren la hermita de Nuestra Señora de la Candelaria”. Tomaren es en la actualidad un amplio territorio que se extiende entre El Lomo de San Andrés y el campo de lava del siglo XVIII que lo cierra por el lado de poniente. Está claro que antes de las erupciones debía extenderse aún más en esa dirección ahora cubierta por la lava y que la vega a que hace alusión el citado documento tenía que encontrarse en ese lugar inundado luego por el magma por ser algo más ahondado el terreno tal como suele corresponder a una de estas formaciones topográficas. Armonizando estos argumentos con datos extraídos de documentos coetáneos relativos a caminos que cruzaban por sus cercanías o con campos de labor que lindaban con sus inmediaciones podemos situar la ermita con bastante aproximación al S o quizás SO de Morro Chibusque, que está cerca de Montaña Tisalaya por su lado SE, quedando con ello reducida la distancia entre la aldea de Chimanfaya y la ermita de la Candelaria a unos 5 o incluso 4 Km para hacer cierto el adverbio ‘cerca’ tomando como punto de referencia a Chimanfaya que se emplea en el mencionado documento.
     Respecto a la fecha en que la ermita fue destruida  por la lava no se sabe con exactitud cuándo pudo ocurrir. Sí que en 1733, cuando el obispo Dávila y Cárdenas visitó la isla, el templo se hallaba aún en pie, pues lo incluye en sus Sinodales entre las ermitas que entonces existían en Lanzarote. En ese año se encontraba en plena actividad el volcán de Las Nueces. De no haber sido destruido por este volcán entonces tuvo que serlo por el de Montaña Colorada, que reventó dos años más tarde.
     Desaparecida la ermita, los devotos a esta Virgen no perdieron tiempo en erigirle nuevo templo. Ya en febrero de 1736 varios vecinos de las aldeas destruidas por los volcanes piden conjuntamente autorización a la dirección eclesiástica para construirla, y apenas unos pocos años más tarde, en el mapa levantado en 1744 por el ingeniero militar A. Riviere, figura ya el pueblo de Tías con el símbolo indicativo de poseer iglesia.
     Los censos de población de este pueblo conocidos son: P. Madoz (1845), 1759 habitantes; P. de Olive (1860), 2.088 hab.; De la Puerta Canseco (1897), 2.142 hab; el A B C de las Islas Canarias (1913), 2.715 hab. y el Censo de población de España de 1940, 2.999 hab.
     Cuenta con los siguientes pagos:
     La Asomada. Se encuentra a un par de Km a poniente de la capital del  municipio y uno al N de Mácher.
     En un documento de 1618 (‘Salvador de Quintana Castrillo’, V. M. Bello J. y R. Sánchez G.) se cita un lugar de este nombre, después de mencionar a “Tegoy” y “Conil”, que debe ser la localidad que nos ocupa, en el que había unas casas y maretas. El ingeniero Ruiz Cermeño, en 1772, le da 8 vecinos. En 1860, según P. de Olive, tenía 75 casas y 7 chozas. En la actualidad constituye un amplio caserío de unos cientos de habitantes.
     Una ‘asomada’ en el habla popular de Canarias es un lugar de cierta extensión, elevado, desde el que se descubre una vista amplia, o también la vista que se aparece desde ese lugar, que es lo que ocurre en este caso.
     Se venera como patrono de este pueblo a San José Obrero.
     Mácher. Se extiende a poniente de Tías, la cabecera del municipio, a uno y otro lado de la carretera general del S.
     Una curiosidad en la onomástica de este pueblo es que hay muchas personas de esta localidad y de otras más del sur de la isla que pronuncian el nombre, bien distintamente con /e/ paragógica, en la forma Máchere. A este respecto conviene citar la forma Maschera que da el doctor Chil y Naranjo en su mapa, inserto en la obra del profesor alemán J. D. Wölfel Monumenta linguae canariae, que bien pudiera ser un antecedente algo desfigurado de tal forma popular.
     De su evolución demográfica he recogido los siguientes datos: El Compendio brebe de 1776, después de ocuparse del pueblo de Tías, dice sobre Mácher: “De este, como tres millas al sur, están seis o siete vecinos dispersos en unos cortijos que se llaman el cortijo de Macher”. En tiempos de P. de Olive (1860) Mácher tenía 50 casas y 8 chozas. Según J. de la Puerta Canseco (1897), este pueblo contaba entonces con 392 almas.
     El Cascajo es su barrio más occidental.
     Su patrono religioso es San Pedro.
     Puerto del Carmen. Nombre que se le dio oficialmente a La Tiñosa en 1966. A partir de entonces se ha ido extendiendo con el desarrollo turístico a lo largo de la cadena de playas de esta parte SE de la isla hasta llegar a las proximidades del aeropuerto, sobrepasando en la actualidad los 6 km de longitud y 1 Km de anchura máxima en su extremo occidental.
     Su patrona es, tal como lo pregona su nombre, la Virgen del Carmen de los pescadores.
     La Tiñosa ha quedado reducida en la actualidad a un barrio de Puerto del Carmen, pero fue antes un caserío de pescadores situado en el extremo O de dicha urbanización, que se cita ya, si bien con la grafía cambiada en Tinoça, en el siglo XV.
     El nombre Tiñosa ha sido desde siempre motivo de controversia en el ámbito vecinal a causa de su significado afrentoso, hasta el punto de que le fuera cambiado en el año dicho por el de Puerto del Carmen.     
     Se ha especulado mucho sobre su origen, pero nada se ha sacado en claro. Aparte de atribuírsele su significado directo más conocido, el de la enfermedad de ese nombre, sin saberse por qué razón, se ha pensado que pueda tratarse de un vocablo aborigen por su parecido al del pueblo Tiñor de El Hierro y algún otro topónimo de otra isla, quizás algo modificado por posterior asimilación a la voz castellana homónima. Lo que resulta llamativo es que si no en Lanzarote sí existen topónimos, y no pocos, con este mismo componente en la vecina Fuerteventura, cuyo origen también es desconocido. En esa isla he podido contabilizar la existencia de no menos de una veintena de topónimos con el componente ‘Tiñosa’ o derivados suyos, todos conocidos de siempre, si bien muchos de ellos agrupados en complejos toponímicos, con la particularidad de que, salvo alguna rara excepción, se encuentran siempre a la orilla del mar, particularidad que pudiera constituir una pista para rastrear su origen etimológico. 
     También existen topónimos con la voz ‘tiñosa’ o derivados en la Península, entre los que figura, que yo sepa, el muy conocido de Cabo Tiñoso, en Murcia, con su importante faro, y una localidad en la misma provincia llamada Tiñosa Baja.
     Conil. Dista de la cabecera del municipio algo más de 1 Km en dirección NO.               
     En un documento del año 1618 (‘Salvador de Quintana Castrillo’, Bello Jiménez, V y Sánchez González, R.), se cita este lugar como "término que dicen Conil, que son tierras de pan sembrar, todas ellas que serán treinta fanegas poco más o menos". El obispo Dávila y Cárdenas, en sus Sinodales, de 1737, le asigna 17 vecinos (unos 80 habitantes). El Compendio brebe y famosso de 1776, 23 vec. (unos 110 h.); y P. de Olive (1860) dice que tiene 26 casas y 10 chozas.
     El nombre resulta difícil de determinar etimologicamente. Conil es una ciudad gaditana y  'conejo' en el francés antiguo, y por otra parte no se puede descartar sin más como palabra guanche, pues tanto la primera sílaba /co/ como las dos letras finales /il/ se dan en palabras aborígenes.
     En su ermita se rinde culto al Sagrado Corazón de Jesús como patrono.
     Tinajo. Cubre su municipio una superficie de unos 132 Km2.
     Su patrono fue siempre San Roque. Su ermita se encontraba antiguamente en lo alto de Las Morras de San Roque, frente al emplazamiento que tiene ahora dentro del casco del pueblo, a donde fue trasladada en el siglo XVIII.
     El historial demográfico de Tinajo es como sigue: El documento de Simancas de fecha 29 de diciembre de 1730 le asigna una población de 55 vecinos o familias; las Sinodales del obispo Dávila, de cinco años más tarde, le da 42 vec.; J. Ruiz Cermeño, en 1772, le adjudica 55 vec. al igual que el de 1730; el Compendio brebe y famosso de 1776, 48 vec.; P. Madoz (1845), 1.264 habitantes; Olive (1860), 1.327 hab.; Puerta Canseco (1897), 1597; el A B C de Canarias (1913), 1660; Delgado Marrero (1929), 1988; el Censo de  la población de España, de 1940, 876, sin contar a Tajaste, cuyos 433 moradores se dan aparte, pues hasta entonces estuvieron separados.
     Sobre la interpretación por el bereber de este claro guanchismo dice Cubillo en su obrita Nuevo análisis de algunas palabras guanches que Por el tuareg se podría explicar así como por el guanche y su manera de designar los lugares: “tin-ajo: una de la leche, es decir, un lugar donde hay mucho ganado o sea que da mucha leche. Estoy por darle la razón a Cubillo, pero sólo en parte, pues apoyándome en que la partícula /tin/, se encuentra al principio de un buen puñado de nombres de montañas en la isla y prácticamente en ningún topónimo de distinta topografía, creo que la interpretación más ajustada sería ‘la montaña de la leche’, quizás porque en su cumbre se hicieran las libaciones con ella en honor de su dios de que nos hablan los autores antiguos. Otro autor que intenta dar una explicación etimológica bereber es D. J. Wölfel, quien ofrece con tal fin el vocablo de dicha lengua norteafricana tanwua con el significado de ‘euforbia’ (¿?).
     Pagos de este municipio:
     La Santa. Caserío pesquero, hoy invadido de restaurantes, situado al NNE de Tinajo. A principios del siglo pasado sólo había en este lugar un almacén para la sal de las salinas que se explotaban en El Río próximo, y un par de casas más, una de un pescador y otra de los Velásquez de Tiagua, que la utilizaban para veranear.
     El nombre, según oyó decir cuando joven el más antiguo vecino del lugar, el señor Alejo Martín Gutiérrez, quien me suministró la mayor parte de estos datos, le venía de una ‘santera’ que había vivido allí, tiempo atrás, sin conocer más detalles.
     Como pueblo esencialmente de pescadores, su patrona es la Virgen del Carmen.
     El Cuchillo. Pequeño pago, o barriada, pues dista menos de 1 Km de Tinajo. Recibe el nombre de la afilada loma homónima que se encuentra poco más o menos a igual distancia más allá.
     Su existencia como núcleo poblacional se registra ya desde las primeras décadas del siglo XVIII. En uno de los documentos del Archivo de Simancas relacionado con la erupción volcánica de aquella centuria se le atribuyen, junto con el próximo lugar de Yasen (pequeño caserío cuyo nombre ha quedado reducido a Las Calderetas), 14 vecinos. Sin embargo el Compendio brebe y famosso de 1776, con ser cuarenta y seis años posterior,  sólo le da 11, y P. de Olive (1860) dice que tiene 20 casas.
     La Vegueta. Se encuentra a poco más de 2 Km a naciente de Tinajo.
     Existen referencias documentales de La Vegueta desde al menos el siglo XVII.
     En cuanto a su devenir demográfico sabemos que el documento de Simancas de 29-I-1730 le da 51 vecinos añadidos los de su barriada Yuco. Las Sinodales del obispo Dávila (1735), 31 vec.. Ruiz Cermeño (1772), 23 vec.. El Compendio brebe .de 1776, 38 vec.; y P. Madoz en su Diccionario (1845), 170 hab.
     Tiene al N, separado por Las morras de Yuco, el barrio de este nombre, en el que está la ermita del pueblo, consagrada a Nuestra Señora de Regla, que fue inaugurada en 1663.
     Yuco es nombre de origen desconocido. El profesor Wölfel se limita a recogerlo en su Monumenta, sin sacar ninguna conclusión lingüística.
     Mancha Blanca. Barriada de Tinajo, situada al SO del pueblo, sede de la ermita de la Virgen de los Dolores o de los Volcanes, como también se le llama.
     Cuenta la tradición que dicha virgen fue entronizada aquí en la ermita que se le construyó como respuesta a un supuesto milagro obrado por una imagen de la misma que fue traída a este lugar en procesión por la multitud enfervorizada para que detuviera la corriente de lava que amenazaba con caer sobre Tinajo a finales de las erupciones del siglo XVIII.
     Sobre este pío suceso, si lo hemos de considerar como hecho histórico, hay al menos que retrasar la fecha que se ha venido dando como cierta para su acaecimiento en un año, haciendo esta corrección extensiva a la fecha de 16 de abril de 1736 que da L. von Buch, –sin duda relacionada con este ‘milagro’–, como la de finalización de las erupciones de aquellos años, pues es practicamente seguro que tales hechos no ocurrieron en 1736 como se ha venido creyendo hasta ahora, sino un año antes. En efecto, se conoce un documento (J. de León y Mª. A. Perera: VI Jornadas de estudios de fuerteventura y Lanzarote), fechado el 1º de abril de 1735, que dice en extracto, sobre un acuerdo tomado por algunos vecinos destacados de Tinajo: “...en nombre de los demás vecinos dijeron que nombran por patrona de este lugar a la Virgen María con el título de Los Dolores para que por su intercesión libre este lugar del volcán de que se halla amenazado”, comprometiéndose luego la gente del pueblo, si la lava se detenía, a erigirle templo en este lugar, lo que se llevó a efecto años más tarde.
     Es decir, que un par de semanas antes del día 16 de abril se dirigía una corriente de lava hacia Tinajo, lo que hace bastante probable que fuera en ese día 16 cuando se detuviera, aunque tal hecho, repito, no ocurrió en el año 1736 sino en el 35.
     Pero ya en esta época debían existir algunos edificios en esta barriada, seguramente en el lugar en que se forma el agrupamiento principal de casas en la actualidad a menos de 1 Km al O de donde se halla la ermita, pues el nombre de Mancha Blanca que ostenta este caserío es herencia de otro  homónimo que fue destruido por los primeros volcanes de las citadas erupciones, el cual se hallaba dividido en dos pequeños núcleos poblacionales, Mancha Blanca la Grande y Mancha Blanca Chiquita, como se les denomina en documentos de la época, los cuales debieron hallarse muy próximos el uno al otro a un par de quilómetros al S de la actual Mancha Blanca, y cuya población, según las Sinodales del obispo Dávila y Cárdenas, ascendía en conjunto a 44 vecinos, buena parte de los cuales debieron trasladarse a vivir en el nuevo emplazamiento una vez perdidas sus viviendas, como parece deducirse de la imposición del mismo nombre al nuevo poblado.
     En 1776, según el Compendio brebe y famosso, tenía este nuevo asentamiento, agregando en el cómputo que tal obrita hace, a Tinguatón, 18 vecinos, y a mediados del siglo siguiente P. Madoz le asigna unas 115 almas.
     Tinguatón. Pequeño caserío que se encuentra a un kilómetro y pico de distancia de dicho pueblo, en dirección S, pasada la ermita de Los Dolores. En 1772 (Información del ingeniero Ruiz Cermeño) tenía 14 vec.
     Por 1532-33 los moradores de esta aldea eran moriscos todavía inadaptados a la vida cristiana de la época. Francisco Fajardo Spínola (‘La hechicería morisca de Lanzarote y Fuerteventura’, en IV Jornadas de estudios sobre Lanzarote y Fuerteventura) dice, tomándolo de un documento de la inquisición, que “los moriscos, que viven en sus tiendas en Tinguatón, se reúnen por las noches, a la luz de las hogueras, cantan en su lengua y ejecutan sus bailes, que tenían un carácter mántico, divinatorio, pues el danzante entraba como en trance, con <<una lanza en la mano retemblándola dando alaridos a fuer de moro>>, e iba diciendo lo que <<veía>>; del mismo modo que bailaba sobre una mujer a la que azotaba ritualmente, para curarla”.
     Es nombre claramente guanche o majo*, el único, por cierto, de Lanzarote, que yo sepa, que sin referirse a una montaña comienza con la partícula /tin/, que por tal razón parece tener tal significado. El Mapa Militar, sin embargo, llama a la montaña contigua de La Tabaiba, Montaña Tinguatón. Quizás haya sido este su nombre vernáculo y de ella haya tomado el nombre el pueblo, aunque debo confesar que yo no he podido encontrar a nade que me lo confirme; en mis investigaciones de campo siempre la he oído llamar La Montaña de la Tabaiba y nunca de Tinguatón.
     La Santa Sport. Urbanización hotelero-deportiva situada a un par de kilómetros al NE del pueblo del que toma el nombre. Ha convertido lo que antes constituía el paso de las aguas del mar llamado El Río, en una laguna en que solo entra el mar cuando asciende con las mareas. 
     Arrecife. Dos años después de la erección en parroquias de estos tres términos se crea con igual categoría por el obispo Verdugo y Albiturría el de Arrecife, siendo puesto bajo la misma advocación de San Ginés que ya tenía, y tres meses después es segregado de Teguise mediante un auto de la Audiencia. En estas nuevas condiciones le correspondió el cargo de cura párroco a Francisco Acosta Espinosa, mientras que el de alcalde de su distrito lo ostentó Lorenzo Cabrera Pérez.    
     El primitivo antecedente del templo parroquial se construyó en época antigua, posiblemente en la primera mitad del siglo XVI. Era una ermita muy humilde y tenía además el defecto de que al no haberse previsto esta contingencia, el piso quedaba por debajo del nivel de las aguas en mareas de sicigia, quedando completamente encharcado. El lugar de su emplazamiento fue el llamado La Puntilla, lado S del entrante costero llamado entonces La Caldera y en la actualidad el Charco de San Ginés.
     Entre las diversas vicisitudes que este templo ha sufrido a lo largo de su historia cabe mencionar, entre los más destacados, los siguientes:
     En 1586 fue practicamente demolido por las huestes de Morato Arráez.
     A partir de 1623 fue convenientemente reparado gracias a los buenos oficios y desembolsos de su Mayordomo y Administrador de las rentas del señorío, Francisco García Santaella, recabando para ello además la cooperación de los fieles y de la tripulación de los buques que recalaban por la isla. Mas lo cierto es que al haberse hecho estas obras de mejora en la ermita en el mismo emplazamiento que tenía, los males que la aquejaban debido a la humedad continuaron haciendo mella en su estructura, terminando pronto por quedar de nuevo inutilizada.
     El mismo García Santaella, al ver que en aquel lugar en que estaba no se podían evitar los males producidos por el agua en mareas crecidas, tomó la determinación de construir un nuevo templo más alejado del mar, escogiendo para ello un rellano que estaba a un par de decenas de metros más arriba. La construcción de este nuevo templo ocupó, según se cree, los años del segundo quinquenio de la década de los sesenta del siglo XVII, y aunque nada suntuosa, y teniendo como antes una sola nave que había sido alargada en unos metros, era la nueva ermita mejor, desde luego, que la anterior. Así continuó el templo con ligeros arreglos de ampliación hasta la declaración de ayuda de parroquia que recibió en 1798.
     En los años sucesivos, ya dentro del siguiente siglo, fue la iglesia sometida a importantes innovaciones. Por ejemplo, se volvió a alargar su única nave en 28 varas y se le construyó una nueva nave en el lado izquierdo adosada a la ya existente. Luego, en la década de los 20 de este mismo siglo, se construyó en el lado opuesto a la ultimamente construida otra nave igual a aquélla dedicada a San Ginés, su patrono. En 1842 se inició la construcción de la torre, terminándose al año siguiente. Era entonces, con sus 25 m de altura, la edificación más alta con mucho de la ciudad, pero hoy yace semioculta hundida en el bosque de edificios modernos levantado a su alrededor. El reloj, que aún ostenta, se le colocó años después, en 1859
     Una reparación importante de la iglesia de San Ginés fue la que se operó entre los años 1865 y 1866 por lo que de refuerzo en su estructura supuso para el edificio. Desde tiempo antes se venía observando que algunas de las paredes laterales iban perdiendo verticalidad con riesgo de desplomarse. Ante tal emergencia hubo que cerrar el templo al culto mientras se llevaba a cabo la reparación pertinente, que consistió en levantar unos robustos estribos que al apoyarse en las paredes impedían que las mismas continuaran inclinándose hacia fuera.
     Finalmente, otra gran obra de reparación efectuada en el templo de San Ginés fue la que se ejecutó en los años 1986-88. En esos años hubo que quitarle toda la techumbre al edificio por hallarse en muy mal estado de conservación y colocarle una nueva de técnica moderna, renovándosele, asimismo, toda la pavimentación al edificio.
     Es este municipio el de más reducida superficie de todos los de la isla, de sólo 24 Km2, no cayendo dentro de sus límites caserío o pago alguno. El de Argana, que estaba apartado del casco de la ciudad hasta no hace muchos años, está ya unido a ella, constituyendo una de sus barriadas más populosas.
     Teguise. Con la escisión de los otros municipios del que antiguamente cubría todo el territorio insular con capitalidad en Teguise, este ha quedado reducido a unos 265 Km2 incluyendo los islotes que afloran al N de la isla, siendo de todas formas el más extenso de los siete en que ha quedado dividida Lanzarote.
     Su nombre, según tradición popular, lo recibe de la princesa aborigen homónima, mujer de Maciot de Bethencourt, hija del último rey ‘majo’ Guardafía, localidad que fue conocida con anterioridad por los europeos como la Gran Aldea.
     No se sabe cuantos habitantes tendría entonces. Es de suponer que en adelante aumentaría algo con el paso del tiempo, al menos hasta bien avanzado el siglo siguiente, pues en la segunda mitad de éste se vio Lanzarote seriamente afectada por varios ataques piráticos berberiscos, uno en 1569 llevado a cabo por el ‘Turquillo’, otro en 1571 por Calafat y un tercero, el más grave de esos años, el protagonizado por el renegado albanés Morato Arráez en 1586, todos los cuales se llevaron un crecido número de isleños cautivos a tierras africanas, lo que supuso una merma poblacional considerable para la isla, y por ende para Teguise, la capital, aparte de los que se pasaron luego a otras islas más seguras.
     Torriani, por los años 90 de ese siglo, se limita a decir que Teguise tenía “dos iglesias, la parroquial y la de San Francisco, y 120 casas, la mitad de ellas arruinadas por los moros”. Layfield, secretario del conde de Cumberland, quien desembarcó en la isla pocos años después, en 1598, cuenta que la Villa –nombre que también se le ha aplicado desde antiguo a Teguise– tenía algo mas de 100 casas pequeñas con techo de torta*, una mezcla compactada de barro y paja picada  que aún se conoce con ese nombre.
     Es de 1737 cuando se conoce el primer censo poblacional de Teguise, consignado por Pedro Agustín del Castillo, quien le atribuye en ese año 390 vecinos (unos 1760 habitantes). Del mismo siglo, año de 1764, se conoce la información del inglés J. Glas, quien erroneamente la llama Cayas, y dice tener unas 60 casas habitadas y otras tantas arruinadas por los moros, y dos iglesias, la parroquial y la de San Francisco, añadiendo que la mayor parte de las viviendas tenía un pobre aspecto, pero no dice nada de su población o número de habitantes. Sin embargo para J. Ruiz Cermeño, en 1772, la población de Teguise habría disminuido, pues sólo le asigna 243 vecinos en contra de los 390 de A. del Castillo, si no es que hay error en las cifras. El anónimo Compendio Brebe y Famosso de 1776, dice por su parte, a más de dar algunos datos sobre su situación eclesial y sanitaria, que tenía 308 vecinos”, sin dejar, además, de mencionar elogiosamente a su célebre mareta*. Viera y Clavijo (1776-83) nos ha dejado la siguiente descripción de Teguise: “La Villa de Teguise está arruada de más de 200 casas. Su iglesia parroquial es la más hermosa de Canarias. Hay dos buenos conventos, uno antiguo de San Francisco y otro más moderno, de Santo Domingo. El palacio de los marqueses está deteriorado. La mareta, de figura de caracol, es una de las cosas más raras de Lanzarote”. De principios del siglo siguiente, del año 1 o 2 por lo que parece, existe una Relación de las Alcaldías Pedáneas de Teguise, que le asigna a la ciudad 212 vecinos, lo que equivaldría a unos 950 habitantes. En tiempos de Madoz (1850) ya alcanzaba las 3.736 almas. Sin embargo Puerta Canseco, una cincuentena de años más tarde, le da sólo 3.484 habitantes, cifra que vuelve a subir en 1913 con el A B C de las Islas Canarias a 4.228 hab.
     En la actualidad el vertiginoso aumento demográfico experimentado por toda la isla con el ‘boom’ turístico ha tenido también su reflejo en la Villa de Teguise, que ha aumentado sensiblemente tanto en población como en la construcción de nuevos edificios, procurándose siempre que ello no conlleve la pérdida del particular aspecto urbanístico y arquitectural que siempre la ha caracterizado.
     Entre sus barrios más importantes se cuentan El Majuelo, por su parte O, y Los Divisos, el grupo de casas que está en su extremo S, a la derecha de la carretera viniendo de Arrecife.
     Son pueblos o caseríos pertenecientes a este municipio los siguentes:
     Caleta Caballo. Pequeño caserío costero situado al NO de Soo en el rincón interno izquierdo de la gran ensenada que se forma en esta parte litoral de la isla, levantándose sus casas en torno a la caleta que le da nombre.
     El nacimiento del caserío estuvo precedido por la construcción, a comienzos del siglo pasado, de un pequeño almacén por un vecino de Tiagua llamado Pedro Cabrera. Pero fue unos años más tarde, en la segunda década de ese siglo, cuando se estableció allí un tal Juan García, quien con su barquilla se ganaba la vida pescando por las aguas próximas. A éste se le agregaron poco después, llevando también con ellos a sus familias, otros pocos pescadores más, que construyeron como él sus respectivas chocitas de piedra seca en que alojarse, hasta que comenzaron a edificarse casas de veraneo por gentes de los pueblos próximos, que fueron aumentando en número gradualmente, acelerándose el ritmo de construcciones a compás del desarrollo turístico de la isla, de forma tal que a principios del siglo en curso contaba ya con una cincuentena de viviendas.
     Este nombre de Caleta Caballo existe desde por lo menos mediados del siglo XVIII, según se acredita en dos mapas del año 1742, que aunque lo registran en la forma anómala de Pta. de Cavallo, ya que en lugar de un saliente costero es un entrante, debe tratarse no obstante por su situación del mismo topónimo.
     En los mapas modernos lo grafían en la forma Caleta del Caballo, incluso precedido a veces de artículo, lo cual no coincide con el nombre que aquí le doy, que es el que invariablemente le he oído aplicar siempre a la gente de esta parte de la isla.
     La 'caleta' que le da nombre es relativamente grande, pues mide más de 100 m de largo por unos 75 de anchura media. Al final o rincón interno, en lugar de 'callaos' o guijarros tiene arena rubia.
     La Caleta de Famara. También es llamado este caserío costero del NO de la isla, indistintamente, La Caleta de la Villa. Es una especie de cultismo improcedente suprimirle el artículo, con el que siempre la han nombrado tradicionalmente sus habitadores y la gente de toda la isla, pernicioso fenómeno que se está dando también con el pueblito de La Caleta del Sebo de La Graciosa y otros topónimos destacados.
     La cita en 1772 con este nombre íntegro de La Caleta de Famara el ingeniero J. Ruiz Cermeño en su Información, sin aportar ningún otro dato.
     Nació La Caleta de Famara como enclave eminentemente pesquero. Así lo ponen de manifiesto los siguientes datos tomados del asesor cultural de Teguise F. Hernández Delgado (‘Caleta de Famara’, Lancelot, 14-11-1992): En 1818 –dice– ”Existían en la Caleta únicamente unos almacenes de piedra seca en los que se guardaban los barcos que eran utilizados en periodo de pesca”, año en que “fue nombrado alcalde de mar don Bernardo de Paiz”. Todavía en 1850 La Caleta figuraba “sin ningún habitante”. “Sobre 1865, Gregorio Tavío, natural de Soo, construye con piedra y barro un almacén en la Caleta de Famara, donde venía a pescar desde hacía muchos años. En 1888 llegan a la Caleta Francisco Morales León y Antonio Batista, construyendo cada uno un almacén. En esta época “llegan a la Caleta varias familias de La Graciosa. En 1909 contaba la Caleta con tres edificios, veinticuatro almacenes y veinticinco habitantes”.
     Las Laderas. Conjunto de cortijos y algunas casas situado en el territorio de este nombre correspondiente a la continuación tierra adentro del Risco de Famara en el tramo comprendido entre El Rincón de la Paja al N y El Barranco de la Horca al S.
     En citas de obras y documentos antiguos viene figurando desde hace mucho tiempo como localidad compuesta por tres casas, que no podían ser otra cosa que cortijos, tal como se sabe que existían hasta ya entrado el siglo último, bien separados unos de otros.
     Tienen fama en la isla los sabrosos quesos que allí se hacen.        Soo. Poblado situado a 6 Km al NO de Teguise, cuyas blancas casas se extienden en ringlera a lo largo del pie de La Montaña de las Campanas por su parte S.
     Es de común conocimiento entre los autores antiguos que este pueblo se creó con el asentamiento de los abundantes moriscos que entonces había en Lanzarote como consecuencia de las capturas que los señores de la isla efectuaban en el África fronteriza. En 1730 ya tenía, según el Documento de Simancas de 29-12-1730, 45 vecinos.; Las Sinodales del obispo Dávila y Cárdenas, de 1737, le dan 48 vec.; J. Ruiz Cermeño (1772), 24 vec., brusco descenso de población resultado seguramente de las muchas muertes por inanición habidas en la isla como consecuencia de los calamitosos años que se dieron en 1771 y próximos; Relación de las alcaldías pedáneas de 1802, 86 vec., y P. Madoz (1850), 31 vec.
     Su ermita patronal de San Juan se construyó en los años finales de la década de los 40 del siglo XVII.
     Fue en los terrenos de jable* que se extienden en torno a este pueblo donde se empezó a cultivar en Lanzarote la barrilla allá por los años 70 u 80 del siglo XVIII, la planta productora de sosa cuya exportación dio lugar a un boyante cambio económico en Lanzarote por sus lucrativos resultados. Fenecido el cultivo de la barrilla se plantaron en los mismos terrenos, en particular, sandías, melones y batatas, productos todos ellos de magnífica calidad.
     Con relación al nombre diré que en portugués antiguo ‘soo’ significaba ‘solo’, y que ya se menciona en un documento de 1560. ¿Hubo algún personaje que vivió solo por alli...?
     Muñique. Se halla este pago de Teguise a unos 7 Km casi al O de la capital municipal en medio de los extensos arenales que cubren esta región de la isla.
     Las citas más antiguas que he encontrado de este lugar son del siglo XVII, en el año 1614 sin especificar si era ya aldea, pero si con esta calificación en el de 1653, aunque sin decirse el número de vecinos que entonces tenía. El historial demográfico de este pueblo que he podido reunir es el siguiente: El documento de Simancas de 29-XII-1730 le da 25 vecinos; el Compendio famosso de 1776, 22 vec.; la relación de las Alcaldías Pedáneas de 1801, 25 vec., y Olive (1860) dice que tiene 23 edificios. Como puede apreciarse, si no hay error en estas cifras, esta aldea ha mantenido un número de habitantes apenas variable a través de los siglos.
     Con respecto a la procedencia del nombre Muñique no hay nada seguro. Caso de tratarse de un guanchismo, categoría que como posibilidad le da Wölfel, la explicación etimológica que este autor intenta sobre el mismo se limita a comparaciones con otros topónimos de la isla poco afortunadas, sin obtención de resultado positivo alguno. Pero esta asignación guanche no es segura. Baste saber, por ejemplo, que en la provincia de Ávila hay un pueblo llamado Muñico.
     Su ermita está dedicada a Nuestra Señora de Fátima.
     Tiagua. Está situado a unos 6 Km al O de Teguise. En el mapa de Torriani se registra un pueblo de nombre Tiago situado más o menos por el lugar de este de Tiagua. Pero faltaría por saber si la grafía con que lo representa Torriani responde a la autenticidad del nombre entonces o si es causa de un error de escritura. En todo caso hay que reconocer que el nombre tiene todas las apariencias de ser aborigen, pero no he visto ningún análisis lingüístico del mismo. En el aspecto fonético hay que tener en cuenta que, según la pronunciación normal del nombre, las vocales ‘ia’, no forman diptongo sino hiato.  
     Las Sinodales del obispo Dávila y Cárdenas dice que en su tiempo (1735) este pueblo tenía 18 vecinos. La Información de 1772  del ingeniero militar Ruiz Cermeño, le da 55 vec. La Relación de las Alcaldías Pedáneas, de hacia 1802, 65 vec. P. Madoz (1845) le asigna 64 vec., 315 almas, y dice: Antiguamente fue este pueblo uno de los mejores de la isla, pero en el día está reducido a un corto vecindario, el cual más de la mitad está próximo a emigrar a Montevideo, a causa de la escasez de sus cosechas sin embargo de haberse distinguido hasta principios de este siglo, por la abundancia de sus producciones. Finalmente, De la Puerta Canseco en su Descripción, de 1897, dice que tiene 307 habitantes.
     Tao. Parece ser que en un principio el núcleo principal de casas de esta aldea, o parte de él al menos, estaba situado abajo, en las arenas o jable*, hacia el E de donde está ahora el pueblo, pues Madoz, a mediados del siglo XIX, dice que “Antiguamente fue un pueblo bastante regular, aunque en el día apenas existe, pues el jable, los vientos y la escasez de lluvias han sido causa suficiente para su despoblación”. Ya desde el año 1455 se tiene noticia de la existencia de este lugar por la toma de posesión que de él hizo el gobernador Adrián de Benavente en nombre de los señores de la isla Inés Peraza y su marido Diego García de Herrera. En 1730 (documento de Simancas de diciembre de ese año) tenía en unión de Cercado, que debía ser un cortijo próximo, 20 vecinos. En las Sinodales del obispo Dávila (1735), se le asignan 21 vec., la misma cantidad que le da Ruiz Cermeño en su Información treinta y siete años más tarde. Sin embargo el Compendio brebe de 1776, con ser de cuatro años después, dice que tenía sólo 18 vec. P. de Olive, por su parte, manifiesta en su Diccionario (1860) que se componía de 37 casas, en tanto que la Relación de alcaldías pedáneas, de inicios del siglo XIX, le da 36 vec.
     Al santo patrono del pueblo, el apóstol San Andrés, se le erigió ermita desde el segundo decenio del XVIII, según don Santiago Cazorla León en su obra póstuma La iglesia de San Marcial de Rubicón.
     Fue nombrada su mareta, la cual se hallaba, al parecer, al pie del Lomo de San Andrés por su lado N.
     El nombre Tao se tiene como indudable guanchismo. En Lanzarote se da algunas veces más y también se registra en Fuerteventura en una montaña. Parece ser que su significado era ‘fortaleza’ o ‘fortificación’.
     Mozaga. Pueblo situado hacia el centro geográfico de la isla, entre los límites de separación de los municipios de Teguise y de San Bartolomé, por cuya razón parte del pueblo pertenece a uno de los municipios y parte al otro, más al de Teguise.
     En un principio el pueblo estaba situado más al E de lo que está ahora, al otro lado de la corriente de lava que baja por allí, donde estuvo hasta los años cuarenta del siglo pasado la ermita de la Virgen de la Peña, hacia naciente del pueblo actual, a poco más de 100 m a la derecha de la carretera que va hacia Teguise, pero con la entrada del siglo XIX comenzaron las arenas, impulsadas por los fuertes vientos alisios, a afectar de tal manera a las casas que tuvieron que ser abandonadas para construirlas donde están ahora, sobre el suelo volcánico de formación histórica situado en sus proximidades.
     Fue el antecedente del pueblo de Mozaga un cortijo construido a comienzos del siglo XVII por el Capitán Gaspar de Samarines. Con respecto a su evolución demográfica sabemos que las Sinodales del obispo Dávila y Cárdenas (1737) le dan 12 vecinos; la Descripción de José Ruiz Cermeño (1772), 14 vec.; el Compendio Brebe de 1776, 15 vec.; la relación de las alcaldías pedáneas de 1802, 40 (un aumento considerable en sólo veintiséis años); P. Madoz (1850), 125 habitantes; P. de Olive (1860) le asigna 41 edificios; en 1900 ya alcanzaba una población de 136 habitantes, y a partir de los años 70 de ese siglo el desarrollo poblacional ha sido claramente ascendente como en toda la isla a causa de la irrupción del turismo.
     Sobre su nombre, tenido como aborigen, conviene decir que la letra /z/ con que se escribe ahora es una innovación ortográfica adoptada en tiempos relativamente recientes, con toda probabilidad por influencia del parecido con otras palabras españolas que se escriben con esa letra, con las cuales, por supuesto, no guarda relación etimológica alguna. Aún en el siglo XIX lo normal era escribirlo Mosaga, con /s/. Wölfel lo incluye en su Monumenta, pero las interpretaciones que hace basadas en el bereber no aportan nada interesante.
     Tahíche. Se encuentra a 4 Km al SSE de la capital del municipio, al pie de la montaña de su nombre.
     La cita más antigua de este topónimo que he podido encontrar como núcleo poblacional es la que trae el documento de Simancas de 29-XII-1730. En dicho escrito se dice que Tahiche –así escrito– tenía 13 vecinos, lo que equivale a unos 50 habitantes o pocos más. Puesto que Torriani, a finales del siglo XVI, no lo consigna ni en el texto de su obra ni en el mapa que la acompaña, habrá que convenir en que entonces aún no existía como lugar poblado, al menos con categoría de aldea. Hasta el siglo XIX hay luego varios autores que en sus respectivos censos de población de las localidades de la isla se ocupan de Tahíche. Son, por orden cronológico, los siguientes: el obispo Dávila y Cárdenas le asigna 20 vecinos en sus Sinodales (1737); el ingeniero militar José Ruiz Cermeño, en 1772, 28 vec.; el Compendio brebe y famosso, de 1776, 30 vec., y la Relación de alcaldías pedáneas de principios del XIX, 39 vec. En cuanto al número de edificios en 1860 (P. de Olive) era de 51.
    De cualquier modo, el pueblo moderno y extenso, de bonitas viviendas, que ahora conocemos se reducía por lo menos hasta la penúltima década del siglo XIX, según testimonio de la impenitente viajera O. M. Stone, que recorrió la isla en 1884, a unas cuantas “pardas cabañas de piedra y barro con una buena vivienda enjalbegada”.
     Antiguamente el nombre se escribió casi siempre con /g/, a veces con /j/ y otras con /x/, letras que, como se sabe, tuvieron en siglos pasados, al igual que la /h/, sonido aspirado. En mis investigaciones de campo encontré hace años personas de edad avanzada que me afirmaron haberlo oído pronunciar todavía de esa manera cuando eran jóvenes, pero luego tal sonido se perdió al transformarse la /h/ en letra muda.
     Qué pudo haber significado esta palabra en la lengua maja* no lo sabemos con seguridad. Cubillo dice al respecto: “En kabil (un dialecto bereber) he encontrado la palabra ‘taqcict’, la muchacha”, cuya pronunciación corresponde exactamente a la palabra guanche”, mientras J. Bethencourt Alfonso, que escribió en las últimas décadas del siglo XIX, se manifiesta sobre esta voz en los siguientes términos: “Es tradicional que la voz ‘taji’ significa ‘beber’, de la que creen se deriva la palabra ‘tajiche’, nombre de unas antiguas charcas donde llevaban a abrevar los rebaños. Ignoran por qué de un siglo a esta parte se han agotado los referidos charcos, emplazados en la aldea o caserío de igual denominación”.
     Guatiza. Dista este pago de Teguise unos 8 Km de la capital del municipio, hacia el ENE de la misma. 
     Es nombre aborigen, del que Wölfel encuentra, entre otros, los paralelos bereberes ‘wad’, palabra relacionada con el agua, y ‘tiza’, ‘puerto de montaña’ y ‘punto elevado desde el que se domina el territorio circundante’, definiciones que no sabría cómo encajarlas en la topografía del lugar,
     Se ha escrito este nombre a lo largo de su historia de diferentes formas: Guatiza, Guatisa, Guatissa, Guatise y otras varias, habiendo finalmente prosperado hasta el punto de oficializarse la primera con /z/, y no porque en rigor deba considerarse por razones gramaticales o de etimología la más adecuada, ya que en el bereber no existe este sonido castellano interdental fricativo sordo, sino seguramente por su parecido parcial con otras palabras de nuestro idioma.
     Se sabe que este pueblo tuvo sus antecedentes, por lo menos como topónimo, desde el siglo XVI, o quizás desde antes, pues es posible que el nombre Guihafuso que se da en la Pesquisa de Cabitos como localidad, con ocasión de la toma de posesión de la isla por parte de Adrián de Benavente en calidad de representante de los señores de la misma Diego García de Herrera e Inés Peraza, sea una mala escritura de Guatiza.
     El documento del legajo de Simancas de fecha 29-XII-1730, dice que tenía entonces 11 vecinos. Siete años más tarde el obispo Dávila y Cárdenas en sus Sínodales le señala 18. José Ruiz Cermeño, en su Descripción de la isla, bien avanzado ya el siglo, en 1772, le atribuye 29. El Compendio anónimo de 1776, pasados por tanto cuatro años, rebaja sin embargo sus moradores a 24 vecinos. En la Descripción geográfica de las Islas Canarias de Puerta Canseco, editada en 1897, alcanza ya la población de 706 habitantes.
     Fue en este pueblo y sus inmediaciones, y en el vecino de Mala, donde se dieron las mejores condiciones para la cría de la cochinilla al ser introducida en la isla, actividad agrícola que se implantó en estos terrenos hacia mediados del siglo XIX habilitando extensas huertas de tuneras, y que supuso una rama destacada de su economía por espacio de algunas décadas.
     Tienen fama en la isla los garbanzos que se cultivan en sus campos por lo tierno y sabrosos que son.
     El Mojón. A  unos 3 Km a naciente de la capital del municipio se encuentra el pueblo de El Mojón.
     Las noticias más antiguas que se conocen sobre la existencia de la ermita de este pueblo son de 1679 (F. Hernández Delgado, Lancelot nº 480). Su población a través de la historia, según los autores o textos siguientes, ha sido: Sinodales del obispo Dávila y Cárdenas (1737), 40 vecinos; Información de J. Ruiz Cermeño (1772), 31 vec.; Compendio de 1776, 37 vec..; Relación de alcaldías pedáneas, de 1801, 189 habitantes; P. Madóz (1845), 110 hab., y P. de Olive (1860) le da 48 edificios, lo que equivale a otras tantas familias o vecinos. La relación, como se ve, presenta en ocasiones algunas fluctuaciones a la baja en el número de personas que han habitado el pueblo.
     Ha sido conocido este caserío, desde siglos atrás, como centro alfarero destacado de Lanzarote con connotaciones aborígenes, actividad que se ha mantenido hasta por lo menos el siglo pasado. La propia seña Dorotea, famosa alfarera de la isla, vecina de Las Calderetas (Tinajo), fallecida hace unos años, era oriunda de El Mojón.
     Teseguite. Pago de Teguise, a un par de Km al E de la cual se halla. Se dice que sus primeros moradores fueron esclavos moriscos capturados en África que fueron obligados a instalarse allí para mantenerlos apartados de Teguise, la capital de la isla entonces.
     Pero, como lugar de nombre guanche que es, ya tenía que existir desde tiempos prehispánicos. Figura, por ejemplo, en el mapa de la conocida obra de Leonardo Torriani, de hacia finales del siglo XVI. Pero no se sabe con certeza qué haya podido significar en la lengua indígena. No obstante, Álvarez Delgado, en su Episodio de Avendaño, dice que este nombre es trasunto de ‘La Gran Aldea’, la población más importante de la isla en época prehispánica. No sé qué habrá de cierto en esta afirmación, pero lo que sí puedo decir es que la palabra ‘tesegue’, presumiblemente de origen guanche también, es aún usada entre la gente del pueblo llano en Lanzarote con el significado de ‘grande’ con sentido ponderativo, y así se oye decir, ‘¡Valiente tesegue!’, aplicado a persona o cosa de gran tamaño. Luego, el mismo autor, en otro trabajo titulado Antropónimos de Canarias lo traduce por ‘caserío’ o ‘aldea’. Wölfel, por su parte, da varios paralelos bereberes, como tasga, tasiga/tisigiwin, tasaga/tisegwin, tizgua, tezgi, izig/isägen, isgânen, con las correspondientes equivalencias en español de ‘fila, hilera, alineamiento; lado; flanco; ramas; bosque, y cima de montaña, todo ello, a mi juicio, bastante aleatorio, mientras Cubillo, por su parte, dice en su Nuevo análisis de algunas palabras guanches que existen también los términos bereberes “taseguest” y “tazeggezzit” que significan ‘pendiente’ o ‘vertiente de una montaña’, que parecen más aceptables al adecuarse a la situación geográfica del pueblo. Finalmente está la interpretación dada  por el profesor bereber Guarani Idaf, quien lo relaciona con tesigit, ‘lugar un poco hondo’, a la que tampoco se le ve mucha concordancia topográfica.
     Su evolución demográfica a través del tiempo ha sido como sigue: La Información de Ruiz Cermeño (1772) le asigna 38 vecinos; El Compendio brebe y famosso de 1776, 59 vec. –sorprendente aumento para tan poco tiempo–; la Relación de las Alcaldías Pedáneas (1802) con sus 57 vec. supone ya un descenso de población; P. Madoz los reduce a 10 vec. a mediados del siglo XIX, dando una visión pesimista de la situación demográfica de la isla al decir que “muy en breve desaparecerán, así como la mayor parte de la población de esta isla, a causa de la escasez de lluvias y las excesivas contribuciones que pagan de unas tierras que nada casi les producen; P. de Olive (1860) se limita como de costumbre a dar el número de edificios, que eran 61.
     Su iglesia, bajo la advocación de San Leandro, debió ser construida en las décadas centrales del siglo XVII según puede deducirse de ciertas referencia históricas.
     Los Valles. Está situado este caserío unos 4 Km al NE de la capital del municipio, y ocupa la mayor parte de la mitad inferior de los dos grandes barrancos que llevan conjuntamente este nombre de Los Valles. Se llaman ‘de Abajo’ el de poniente y ‘de Arriba’ el de naciente. A estos dos valles o barrancos hay que añadir como solar en que se asienta el pueblo, de un lado parte de la llanada que se extiende frente a la boca del Valle de Arriba y la montañeta llamada Lomo Guantesive, que se yergue frente a ella, y, de otro, parte del territorio comprendido entre la boca del Valle de Abajo, el citado Lomo Guantesive, El Lomo de Saavedra y La Ladera del Ovejero, espacio de terreno allanado que antes de ser ocupado por las casas del pueblo era conocido con el nombre de Las Gavias.
     Corren estos valles paralelos de N a S y alcanzan una longitud de más de 2 Km cada uno, hallándose separados entre sí por El Lomo de Enmedio.
     Todavía bien entrado el siglo XVII no constituía este lugar de Los Valles un enclave poblacional o caserío, pues en unos documentos referidos a 1676 en que se recogen las declaraciones del entonces guarda de La Vega de los Valles (nombre ya desaparecido de la memoria popular) Luis Alonso, producto del interrogatorio a que fue sometido por el vicario de la isla con ocasión de unas fantasmagóricas 'voces' que dijo haber oído de noche conminando a los fieles a que restauraran la próxima ermita de Las Nieves, se declara expresamente que sólo existía en este lugar una casa, que era precisamente la que servía de resguardo al vigilante en cuestión. Aunque tal aseveración no es, sin embargo, totalmente exacta, pues se sabe que ya existía en este lugar, desde mucho antes, al menos otra, si bien es cierto que su ubicación no es dentro de ninguna vega, sino en la parte baja de la falda del antedicho Lomo Guantesive por la parte que mira al N. Me refiero a la casona solariega que hicieron construir los señores de la isla Inés Peraza y Diego García de Herrera a finales del siglo XV para usarla como lugar de retiro o descanso, el edificio, por cierto, más antiguo de toda la isla, más incluso que el vetusto castillo de Guanapay.
     No se sabe con certeza cuándo, a partir de ese año de 1676, se establecieron allí los primeros vecinos que por su número acabaron por elevar Los Valles al grado de poblado. Sí que a mediados de noviembre de 1730, un par de meses y medio por tanto después de  iniciarse las erupciones volcánicas de aquel siglo, esta localidad fue ya incluida en la categoría de "lugar" o centro habitado. Así se hace constar en un mapa de la isla levantado en dicho mes por un "pintor" que fue enviado a Lanzarote por el Gobernador de las Armas de Fuerteventura con la finalidad de hacer llegar tal documento a la Real Audiencia de Canarias como exponente gráfico de los daños ocasionados por los volcanes hasta entonces. En ese mapa figura entre los "lugares sin ruina" con el nombre "Balles", bien entendido que con la denominación de 'lugar' se significaba a los centros habitados de la isla. También figura como población en un escrito cursado por las autoridades de Lanzarote al mismo organismo central en el mes siguiente de diciembre con objeto igualmente de poner a aquellas autoridades en antecedentes de los "estragos" que llevaban causados los volcanes hasta aquel momento. En dicho documento se dan conjuntamente para las localidades de El Mojón, Taiga (ya desaparecida), Teseguite y esta de Los Valles, 89 vecinos, por lo que no es posible determinar cuántos de ellos correspondían a este poblado de Los Valles. Lo que sí parece más que probable es que un buen número de los 23 vecinos con que el pueblo contaba tres años más tarde cuando estuvo en la isla el obispo de la diócesis Dávila y Cárdenas procedieran, al menos en su mayoría, de los moradores de Santa Catalina que según tradición huyeron precipitadamente cuando se les echaba encima la lava surgida de La Caldera de los Cuervos pocos días después de haber reventado este volcán el 1º de septiembre de 1730, aldea que contaba entonces con 42 vecinos según se testifica en las Sinodales del referido obispo. Parte al menos de estos transmigrantes forzados se dice que llevaron consigo la imagen de su patrona, la cual quedó depositada provisionalmente en la iglesia parroquial de Teguise, en cuyo templo se custodió hasta el 25 de septiembre de 1749 en que fue entronizada en la nueva ermita que se acababa de construir en Los Valles en su honor. Es de suponer que sería a partir de esa fecha cuando se le empezaría a aplicar al pueblo el complemento nominal de Santa Catalina, que en la actualidad es parte integrante de su denominación oficial.
     En las últimas décadas de este siglo, por 1776, el Compendio Brebe consigna para este caserío 72 vecinos, y a comienzos del siguiente siglo ascendían ya a unos 380 habitantes, pues la Relación de Alcaldías Pedáneas de Teguise, de 1802, le señala 78 vecinos.
     Es esta zona de Los Valles de Santa Catalina una de las más pintorescas, de más alegre paisajística y de mayor feracidad de la isla. En los extensos y allanados terrenos aledaños al pueblo y a lo largo y ancho de los dos valles que le dan nombre destacan los múltiples planos geométricos de sus enarenados, que a poco que la lluvia los vivifique rinden un rico y variado surtido de productos de la tierra, entre los que han destacado tradicionalmente sus sabrosas y afamadas papas, el granado millo y las tiernas y sabrosas arvejas.
     Nazaret. Pago de Teguise, situado a poca distancia al S de este pueblo.
     Sus antecedentes como lugar poblado son un cortijo de un tal Antonio de Sosa y una ermita que dicho personaje hizo construir en él entre 1640 y 1645 bajo la advocación de la Virgen de este título. En 1730 (documento 29-XII-1730 de Simancas) tenía 3 vecinos. En 1772 (Informe de José Ruiz Cerdeño, 1772), 9 vec. El Compendio Brebe y famosso de 1776 le da 13 vec. La Relación de las Alcaldías Pedáneas, de 1801, 8; y P. de Olive (1860) le asigna 10 edificios.
     La Caleta del Sebo. Aparte de los citados pagos o pueblos dependientes del término municipal de Teguise situados en tierra firme, hay que mencionar también el pequeño caserío capital de la isla de La Graciosa, La Caleta del Sebo, así llamada, según testimonio que he recabado de gente de edad ya fallecida, por haber varado las olas allí una barrica llena de Sebo.
     Su población residencial ronda los 600 habitantes, pero al haber adquirido cierta reputación como lugar turístico, suele haber en la islita mucha más gente, especialmente en determinadas fechas o momentos de carácter festivo.

     Humboldt y Bonpland, en La Graciosa
     En el postrer año del siglo se vio honrada La Graciosa circunstancialmente con la presencia en su suelo de los afamados naturalistas Alejandro Von Humboldt, alemán, y Aimé Bonpland, francés, que iban a bordo del buque español ‘Pizarro’ con destino hacia América del Sur, aprovechando su fugaz estancia en la islita para realizar cuantas observaciones científicas les fue posible.
     Ocurrió un lance muy gracioso en este isote con la gente del ‘Pizarro’. El día estaba muy brumoso y falto de visibilidad, y pensando los expedicionarios que los roques de los Fariones, que apenas se vislumbraban en la distancia envueltos en la niebla, eran el castillo del señor de Lanzarote, no se les ocurrió otra cosa que embarcarse en uno de los botes auxiliares para rendir los debidos honores a tan afamado personaje luego de haber disparado un cañonazo de salutación, hasta que al acercarse a los enhiestos roques advirtieron su error.
     Entonces lograron entrar en parlamento con un pescador que se hallaba allí que, por cierto, se había llevado un susto mayúsculo al oír el cañonazo, con objeto de saber si por aquellos días se había visto algún barco inglés, nación que se hallaba entonces en guerra con España, y habiéndoles confirmado en contrario, se dedicaron los naturalistas a hacer observaciones de su competencia, dejando Humboldt varias notas sobre lo que allí pudo ver.
     De este islote marchó el ‘Pizarro’ directamente hacia Tenerife sin tomar tierra en Lanzarote.

     Siglo XVIII (generalidades)
     Habitantes.
     He aquí varios censos de población de este siglo:
     1744 (obispo Guillén), 7210
     1755 (Chancillería de Granada), 8.875
     1757 (obispo Morán Estrada), 9.843 habitantes.
     1769 (Conde de Aranda), 9.675
     1770 (padrón local), 8.725
     1772 (Ruiz Cermeño), unos 6.813.
     1776 (marqués de Tabalosos), 8.563
     1787 (conde de Floridablanca), 12.784
     Obtención del agua. El modo de obtener el agua seguía siendo el mismo que el de los siglos precedentes, salvo que los depósitos en que se recogía es de suponer que habrían aumentado en número.
     Administración civil y militar. La mayor parte de la jurisdicción administrativa, tanto civil como militar, que estaba antes en posesión de los señores territoriales de la isla, les había sido sustraída y traspasada a la Corona. El gobierno estaba ahora ejercido por un Alcalde Mayor, dependiente de la Real Audiencia con sede en Gran Canaria, y un Sargento Mayor, antes llamado Gobernador de las Armas, subordinado al Gobernador General de Canarias, cuya residencia se hallaba normalmente en Tenerife. No había fuerzas militares establecidas aquí, pero sí una milicia formada con gente de la isla, debidamente regulada y dividida en compañías, al frente de las cuales había un capitán, un teniente y un alférez.
     Exportación e importación. Los productos básicos exportados desde Lanzarote por estos años eran trigo, cebada, millo (maíz), ganado, aves de corral (gallinas sobre todo), queso, orchilla, cueros de cabra, sal y pescado salado. La exportación de cereales sólo era permitida por las autoridades del archipiélago a las demás islas, lo que tenía como consecuencia en años de abundancia su depreciación en perjuicio de los agricultores.
     La exportación de la barrilla comenzó a alcanzar importancia en los últimos años del siglo.
     Los artículos que importaba Lanzarote, todos ellos de las otras islas, sobre todo de Tenerife o a través de esas otras islas, consistían en artículos ingleses y alemanes, como tejidos de lana, ropa interior y de cama, manteles, etc., por lo general de baja calidad, así como aguardiente, vino, aceite, frutas, madera, barcas de pesca, cera, muebles, tabaco, rapé, jabón, y candelas de variada procedencia.
     Comunicación marítima. En cuanto a la comunicación marítima respecta, existía con cierta frecuencia la arribada de embarcaciones, aunque no de forma regular, con las otras islas y con España continental, pero con Europa sólo había barcos que arribaban esporadicamente.
     Datos suministrados por la ‘Descripción’ de Ruiz Cermeño. De 1772 se conoce una ‘Descripción’ compuesta por el ingeniero militar José Ruiz Cermeño, llegado a la isla en misión de servicio, en la que se dan diferentes datos: dos recuentos de animales domésticos existentes entonces: uno de un par de años antes de su llegada, y otro algo posterior hecho por él mismo, en los que el número de animales se presenta bastante reducido. Vacas había en uno y otro año 2581 y 1419; cabras 13.182 y 2.364; ovejas 9.411 y 1.764; caballos 61 y 26; camellos 1.602 y 924, y burros 960 y 475. Esta considerable diferencia a la baja no es otra cosa que un fiel reflejo del calamitoso estado en que se vio sumida la isla por la carencia de lluvia en aquellos años, en los cuales se produjo la muerte de muchos de estos animales por sed y hambre. Este es el contenido de la ‘Descripción’:
     “El comercio se reduce a orchilla, que se ha hecho en nuestros días tan recomendable en Londres para los tintes”.
     También se exporta –continúa diciendo– en grandes cantidades cuando los años son buenos, trigo, cebada, centeno, maíz y legumbres, así como ganado.
     Y de los animales de labor –dice–  que los que más aprecian son los camellos, “animales de admirable utilidad así para el tráfico y transporte como para el arado y la trilla, fuera de que se alimentan de sus carnes y del sebo hacen jabón y velas de buena calidad”.
     La langosta africana. También hay que dejar constancia en este siglo de la llegada en varias ocasiones de la langosta, que de tiempo en tiempo asolaba la isla, mal endémico al que se encontraba expuesta con cierta frecuencia.
     Estamento eclesial. La inquisición tenía en Lanzarote un comisario y un notario. Los comisarios de las ciudades con puerto debían, acompañados del notario, visitar los barcos llegados de fuera del archipiélago para comprobar la carga que traían, de dónde venían y revisar los libros e imágenes que llevaban.
     En 1715 el comisario y el notario, D. Ambrosio de Ayala y D. Salvador de Armas, se apropiaron bajo intimidación, de algunas de las mercancías que portaba un buque francés llamado el ‘San Luis’, cuyo valor ascendía a un monto de más de 500 reales, acto que tuvo como consecuencia una denuncia presentada en la Corte por el capitán del navío por mediación del embajador de su país.
     El convento de la Orden de Santo Domingo, con sede en Teguise, se fundó en 1711, si bien el edificio ya existía desde años antes dedicado a menesteres sanitarios.
     Cultivo de la vid. En Lanzarote comenzó a cultivarse la vid en plan extensivo después de las grandes erupciones de este siglo aprovechando el efecto beneficioso producido por la capa de lapilli caída sobre la tierra madre. Fue entonces cuando se instalaron en Arrecife las destilerías (conocidas popularmente por ‘estilas’) para la destilación de las uvas recogidas y convertir el producto así obtenido en aguardiente, producto que era enviado a los Estados Unidos de Norteamérica recién independizados de Inglaterra.
     Personajes destacados.
     Clavijo y Fajardo, José. Nació en Teguise (1726-1806). Después de haber estudiado en Las Palmas marchó joven a Madrid donde fijó su residencia oficial, dedicándose en aquella urbe a actividades literarias y administrativas. Escribió, entre otras obras, la titulada ‘El Pensador’, de varios tomos. Adquirió cierta notoriedad por el episodio amoroso que tuvo con una hermana del célebre Beaumarchais, con el que el autor  alemán Goethe compuso la tragedia Clavijo.
     Curbelo Perdomo, Andrés Lorenzo. Presbítero de Lanzarote que escribió el célebre manuscrito en que se describen las erupciones volcánicas de este siglo, si bien sólo la parte que va desde el comienzo de las mismas el 1º de septiembre de 1730 hasta el 28 de diciembre de 1731, pues continuaron hasta el mes de mayo o abril de 1735. El original de este escrito lo tuvo en su poder el geólogo alemán Leopoldo von Buch, y de él hizo una traducción a su lengua materna, a partir de cuyo momento se ha perdido su rastro. Sería una suerte para la bibliografía de estas erupciones recuperarlo si es que aún existe. Desgraciadamente la copia de von Buch es de una calidad muy deficiente al cometer en ella muchos errores, algunos muy graves, según ha podido comprobarse por cotejo del manuscrito con otros escritos de la época de primera mano, mucho más fidedignos por tanto. Luego se hizo una traducción de esta versión alemana al francés, y finalmente de esta última al español por el geólogo español Eduardo Hernández-Pacheco, las cuales no hicieron otra cosa que aumentar los errores de la primera.

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